“Ella creía que él la amaba”

“Ella creía que él la amaba”

Una mujer y sus dos hijas asesinadas por su padre. La historia de Vilma Ubilla es un ejemplo de lo que significó el confinamiento: indefensión e, incluso, exacerbación de la violencia. Dos de las mujeres más cercanas a ella relatan su historia.

Vilma Ubilla tenía cuatro hijas. ‘Carla’ (17), ‘Andrea’ (13), Micaela (9) y Rafaela (6). El 26 de noviembre de 2020 fue asesinada por Parménides Montecé, su esposo y padre de sus dos niñas menores. También las mató a ellas -a las más chiquitas- y se suicidó.

El 19 de diciembre conversamos con Pilar Ubilla, tía de Vilma; y con su prima, Pili Sánchez. A tres semanas del crimen, nos recibieron en su casa, todavía procesando esta historia llena de dolor. A Vilma fue imposible salvarla, porque su familia desconocía el infierno que vivía. Su historia se reconstruye desde las voces de dos de las mujeres más cercanas a ella.  

Pilar Ubilla: “Vilma era una niña que creció en un hogar de padres jóvenes. Mi hermano tenía 17 y su mamá 15 cuando ella nació. Se separaron y cuando Vilma era pequeña fue entregada a mis papás. Creció en Vinces (Los Ríos), en un hogar donde primaba el amor, la unidad. Lleno de valores. Todos la queríamos como una hija, una hermana. 

Luego vino a estudiar a Guayaquil y se comprometió joven. A los 17 años tuvo a ‘Carla’, la primera de sus cuatro hijas. Ese primer matrimonio no funcionó y regresó a Vinces. Después de un tiempo se reúne con este tipo que, aparentemente, era un hombre bueno. Así se mostraba. Desconocíamos el maltrato que vivía Vilma, quizá para evitarnos el dolor, quizá para que evitemos pensar que fracasaría de nuevo… por eso no quería separarse de él. Ahora nos enteramos que la maltrataban, la golpeaban… era un tipo mezquino con ella y las bebes”.

Fotos: Gianna Benalcázar – Silenciadas

 

Vilma y Parménides fueron compañeros de escuela en Vinces. Empezaron su relación en 2009 y se casaron en 2012. Tuvieron a Micaela y Rafaela. Vilma viajaba todos los fines de semana a Guayaquil para ver a sus otras dos hijas, quienes viven con su papá. Ella estudiaba su segunda carrera. La primera fue Cosmetología y se alistaba a sacar su título de Psicóloga. ‘Paputa’, como lo conocían a él, era Ingeniero agrónomo y funcionario del Ministerio de Agricultura y Ganadería (Magap).

“Como mi papi ya es una persona de edad, tiene 90 años, vamos bastante a Vinces porque la pandemia lo afectó. Vilma iba constantemente a la casa… un fin de semana antes del crimen ella durmió con este tipo y mis sobrinas en la casa de mi papá. Compartimos como si nada pasara. 

Ese día (jueves 26 de noviembre), aparentemente ella tomó la decisión de separarse y, al día siguiente, viajar a Guayaquil. Le dijo a una amiga que la vaya a ver, porque se venía. Pero ya no contestó”. 

Pili Sánchez: “Soy abogada. Todo el tiempo tengo un activismo en redes. Y una de las cosas que más me duele es que nunca supe nada. El sábado, ‘Carla’ me dijo que estaba desesperada, que su madre no le contesta desde el jueves en la noche, que le había dicho que iría a Guayaquil el viernes y no pasó.  Ella llamó a la Policía, al 911, pero le dijeron que había que poner una denuncia… y ahí me revela que desde 2016 Vilma sufría agresiones”. 

Pilar Ubilla: “No sabíamos de ese maltrato. Un domingo veía en redes que estaban en la playa, otro en Guaranda, otro en Baños… pensé que se habían ido de viaje y por eso no contestaba nadie en la casa”. 

Pili Sánchez: “Pero Vilma era una persona que todo el día ponía en redes memes, chistes, videos, cosas de Dios… De hecho, el 25 de noviembre fuimos a la marcha por el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y ella compartió el video y la publicación que hice ese día. En esa publicación salimos ‘Carla’ (su hija mayor), Lucía (sobrina de Vilma) y yo. Esas son las últimas publicaciones que ella hace”. 

Pilar Ubilla: “El sábado, cuando llegamos a la casa de Vilma salió su suegra. Le dijimos que estábamos preocupados por Vilma, que queremos saber qué pasa. Ella dijo que entró, que abrió la ventana, que no se escuchaba nada… Mi hermana le dijo que eso era imposible, porque las niñas hacían ruido, ellas tenían 9 y 6 años… Ella decía que la luz del baño estaba prendida, que el carro no había salido… y no nos dejaba pasar. 

Luego de 20 minutos de insistencia, bajó, nos abrió. Mi sobrina Vilma tenía dos perros grandes, que nos recibieron con absoluta mansedumbre… Se acercaban a nuestras piernas, nos lamían las manos”. 

La vivienda es como una escuela. Hay un portón principal. Adentro, en tres aulas, se adecuó una casa donde vivía Vilma y, al lado izquierdo, vivían la madre de Parménides y su hermana. Un lugar donde en la noche incluso se escucha el chirrido de los grillos.

“Olía a muerte. Cuando llegamos, la señora dijo que todo estaba cerrado, que habían intentado abrir. Pero yo empujé la primera puerta y me encontré con los zapatos de todos… Avanzo hacia los dormitorios y me encuentro con que no estaba cerrado. Abro y el olor era fuerte. Entro al primer dormitorio y grité: ¡Están muertas, están muertas! Cada una de las bebes estaba en su cama. 

Avancé hacia el otro dormitorio y encontré el cuerpo de mi sobrina. Estaba cubierta totalmente. Destrozada. Grité como una loca. ¡Las mató, las mató a Vilma y las bebes! No lo vi a él, él estaba en el baño.

Salí a la calle a pedir auxilio. Creí que él había huido. 

Mi hermano llegó. Entró y lo encontró. También estaba muerto”.

El jueves 26 de noviembre, en la mañana, Vilma asistió al sepelio de un amigo. Ese día, la vieron golpeada. Quienes conversaron con ella le aconsejaron que se separe, que él la podía matar. 

Pili Sánchez: “Desde junio ‘Carla’ está con psicólogo y psiquiatra. Creíamos que le había afectado la pandemia. Pero estaba afectada por lo que sabía que su madre vivía. Ella fue testigo de una golpiza que él le dio con una muleta hasta cansarse. 

Con el confinamiento, la violencia se intensificó. En una pelea le lanzó una silla que cayó sobre ‘Andrea’ (13), quien incluso lo amenazó con denunciarlo. Pero no sabíamos nada de eso. 

‘Carla’ le dio un ultimátum para que avise. Vilma no lo hizo y no la culpo, sé cómo es el círculo de la violencia y él era así. Le pegaba, luego venía la luna de miel con el perdón y se repetía… Maltrato psicológico, económico, físico. Ahora las amigas nos dicen que cuando ellas le aconsejaban que lo denuncie, ella respondía: ‘¡Para qué voy a denunciar, si la familia de él trabaja en el sistema de justicia!’. Se sentía indefensa. 

Parménides dejó una nota. Escribió: “Perdóname, mamá, perdóname. Soy lo peor y no merezco perdón. No le debo dinero a nadie. Perdón, me odio”. 

A Vilma la mató a golpes. A la niña mayor la estranguló y a la más pequeña la asfixió. Él se suicidó con un cable blanco.

Vilma medía 1,50, más o menos. Él casi 1,70 y era de contextura grande. 

“En la casa ella nunca se presentó con golpes. Dicen que él sabía dónde la golpeaba para que no se le note. 

Vilma y las niñas eran felices en el infierno que vivían. Ellas eran alegres, amorosas. Muy inteligentes, listas, despiertas. Dejaron sus cartas de Navidad hechas… pedían juguetes… una casa en Guayaquil”. 

Pilar Ubilla: “Lo más triste es que ella creía que él la amaba. Ella decía: ‘Papu no nos va a hacer daño’, a pesar de que ya la había amenazado. ‘¡Él me ama, él no me va a hacer nada!’, creía.

Mis dos hijas son defensoras de las mujeres. Mi marido y yo pensábamos a veces que eran exageradas, pero ahora nos damos cuenta de que no es exageración. La violencia existe”.

Pili Sánchez: “Tenemos que preocuparnos más. No podemos suponer que todos estamos bien. Como activista, nunca imaginé asumir esta causa como propia. El día que fuimos al plantón, llorábamos, porque son historias dolorosas. Hay personas a quienes les había pasado esto… Para mí las realidades no son lejanas, mientras no se haga nada para cambiarlo, seguirán pasando. Ese día estuvimos ahí y al día siguiente la mataron. Con todo el odio que puede tener un hombre contra una mujer, contra sus hijas”. 

Vilma se decía un espíritu libre. Su sueño era ser bombera, estudió y fue voluntaria desde 2019. Su familia inició un proceso para exigir justicia y respuesta de quienes estuvieron cerca en esos momentos. En febrero, podrán rendir versiones, si es que el proceso en Fiscalía lo permite.