La lucha de Maricela Guzmán: otra cara del femicidio en Ecuador

La lucha de Maricela Guzmán: otra cara del femicidio en Ecuador

“En ese momento, yo sentí que algo se fue de mí. Yo sabía que ya estaba muerta”. Son las palabras de Maricela, madre de una de las víctimas de femicidio durante la pandemia.

Por: Emilia Palacios

Tres días: seis mujeres. Cristina, Katherine, Marilyn, Casilda, Yanina y Maribel fueron asesinadas entre el 01 y 03 de noviembre en Ecuador. Según el cálculo: dos mujeres muertas por día.

Organizaciones de la sociedad civil convocaron a un plantón en los exteriores de la Fiscalía General del Estado, en Quito. Desde las 16:00 del viernes 6 de noviembre, se juntaron rostros y voces que escondían historias de dolor.

Una de ellas fue Maricela Guzmán, quien recorrió casi 270 kilómetros desde Quevedo (Los Ríos) hasta Quito. Viajó más de cinco horas en bus para exigir justicia por Kattya Basurto Guzmán. Su hija mayor, de 24 años, fue asesinada el 27 de abril de 2020, mientras trabajaba. 

Intenciones ocultas

Hace cinco años empezó a hacer una Ingeniería en Administración Financiera. En ese entonces también tuvo a Estéfano, su hijo junto a su primer amor, Erwin Toapanta. Pero desde el 22 de julio de 2019, se hizo cargo sola del niño, quien se convirtió en su motor. Su esposo fue asesinado. 

En septiembre de 2019, tras instalarse en su nueva casa, Kattya empezó a trabajar en una piladora, donde se procesa arroz. Seis meses luego, se encontró su cadáver ahí.

Hace siete años, cuando ella tenía 17, el dueño de esa empresa -veinte años mayor a ella-  estaba interesado en Kattya. En ese entonces, Maricela incluso lo enfrentó. “Era el lobo disfrazado de oveja”, reflexiona.

Cuando Kattya empezó a trabajar como secretaria, Carlos, de 44 años, volvió a expresar sus deseos de formar parte de su vida y la del niño. La ayudó económicamente a terminar de construir su casa y así se ganó también la confianza de su familia. Pero el paso del tiempo develó otros rasgos de su personalidad, características que ocultaba cuando estaba en público. 

“¡Qué futuro me puede esperar con un tipo como este!”, le comentaba a su madre. Cuando estaban a solas, Kattya había sido víctima de malos tratos. En la última discusión, él la insultó y ella lo amenazó con un par de tijeras para que la deje salir. Estos conflictos la motivaron a limitar su vínculo al trabajo. Y lo hizo.

A inicios de abril, Kattya inició una relación amorosa nueva. Maricela desconoce cómo el dueño de la piladora se enteró, ya que la comunicación con él estaba anulada. 

Días previos al femicidio, Carlos cambió su trato en el trabajo. Incluso empezó a hablar mal de ella. De hecho, horas antes al crimen, ese lunes la mujer chateó con su madre y le preguntó si quizá sabía quién le contó sobre la relación. Entonces le dijo que hablaría con él nuevamente. Ambas quedaron en encontrarse a eso de las 14:00, pero no pasó.  

***

A las 14:15 Maricela se enteró de que su hija estaba herida. Pero ella estaba segura de que era grave. “Sentí un vacío. Yo ya sentí que estaba muerta y supe quién lo había hecho”. En un principio, los reportes indicaron que la habían intentado asaltar y, por el forcejeo, la apuñalaron.  Carlos asistió al entierro de Kattya y  fue la última vez que lo vieron. 

La lucha

Según Maricela, el primer fiscal que atendió el caso no mostró interés en realizar acciones diligentes para encontrar a los culpables. Según el abogado Leonardo Jiménez, ni siquiera se despachaba los documentos. Además, descubrieron que el funcionario fue destituido en 2018, pero aún ejercía. 

Durante cinco meses el proceso estuvo detenido y, al no derivarse a la Unidad Especializada de Violencia de Género, no se podía tratar como un femicidio. Con este panorama, Maricela y Leonardo diseñaron otras estrategias para agilizarlo. 

“Nunca me imagine estar pidiendo a la gente que postee una foto de mi hija”, reconoce. Publicar cada imagen era sinónimo de dolor. Entonces amigas y amigos la ayudaron a crear la campaña Justicia para Kattya Basurto. Abrieron un una página de Facebook y un sitio web para la recolección de firmas. 

La presión mediática sirvió para que el fiscal traslade el caso a la unidad especializada. Desde ahí se ha llamado tres veces al sospechoso de ser el autor intelectual del crimen, su antiguo jefe, pero no ha acudido a rendir su versión.

El viaje a Quito

Maricela se sumó al plantón del 6 de noviembre con pocas esperanzas. Llegó hasta la Fiscalía vestida de negro, portando con fotos y carteles de Kattya. Se hizo un espacio entre los zapatos rojos que se colocaron en el suelo como símbolo de las víctimas.

“Alerta” fue el grito de arranque. También se coreaba Sin miedo, la pieza musical que se ha convertido en himno de organizaciones feministas que buscan verdad y justicia. Treinta minutos después de iniciada la manifestación, hubo un silencio brusco. La fiscal general, Diana Salazar, bajó a presenciar el evento. 

 

Soy Martha, soy Juliana y soy Karina

Soy Yuri, soy Nicole y soy Emilia

Soy la niña que subiste por la fuerza

Soy la madre que ahora llora por sus muertas

Y soy esta que te hará pagar las cuentas”

 

De a poco, las manifestantes hicieron un círculo alrededor de la autoridad. “¡El Estado es asesino y cómplice!”. “¡Ni una menos y vivas nos queremos!”. “¡No queremos la presencia de la Fiscal!”. Se gritaba. Si el objetivo de Salazar era generar un espacio de diálogo, no lo logró.

Entre gritos y denuncias, Maricela logró ubicarse junto a ella. Y empezó a hablar. A cuestionarla. Entonces, ella y otras dos mujeres fueron invitadas a subir a la oficina.

Durante la conversación, Salazar ofreció a la madre de Kattya que no existirán más trabas en el caso. Maricela no solo pidió por su hija, también exigió justicia para las demás víctimas. 

“Hay días en los que caigo y no me quiero levantar. Pero tengo ese pequeño motorcito que es Estefano”, su nieto de 5 años. “¡Rompamos el silencio, no tengamos miedo!”, dice la madre. El pasado 24 de noviembre, Kattya hubiera cumplido 25 años.