Kathy Muñoz: “Mujer, ¡levántate, grita, no calles!”

Kathy Muñoz: “Mujer, ¡levántate, grita, no calles!”

Este 8 de marzo, la madre de Lisbeth Baquerizo, asesinada brutalmente en diciembre de 2020, se instaló frente a la Fiscalía de Guayas, en el centro de Guayaquil, a exigir justicia. Hasta el momento, el sospechoso del femicidio está prófugo. Este fue su mensaje.

Fotos: Gianna Benalcázar – Silenciadas

“Nuevamente soy yo, la de siempre. La que Ecuador entero ahora conoce como mamá de Lisbeth Baquerizo. Hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, mujeres estamos aquí para gritar y exigir por los derechos de las mujeres. ¿Qué es una mujer? Una mujer ecuatoriana es una guerrera, alguien que se levanta, muchas veces sin la ayuda ni la compañía de un hombre. Es madre. Puede ser albañil, carpintera, zapatera… como decía Lisbeth: ‘mi mamita todóloga’. Eso es una mujer ecuatoriana.

Hoy no podemos decir simplemente ¡viva la mujer!, porque cada día vemos en los medios de comunicación que matan mujeres a diestra y siniestra. ¡Queremos justicia!, grita la mujer ecuatoriana. 

Así pelea una madre. Kathy Muñoz, quien gritó, quien lloró y suplicó al que está allá arriba ¡JUSTICIA, JUSTICIA PARA LISBETH! Y seguiré gritando.

El mundo estuvo contra mí, encontré corrupción en la Fiscalía de este país y así nació la mujer guerrera que hoy conocen. No hubiera querido que fuera así porque perdí a mi hija, pero sigo siendo mujer y seguiré peleando por los derechos de todas, porque ya no haya ni una menos. Hay que cambiar la Constitución para que los asesinos de mujeres tengan miedo de hacerlo. 

Ustedes han conocido mi historia. Quién mejor que yo para dar testimonio de lo que representa una mujer en el Ecuador: un cadáver, un número más en la estadística como fue Lisbeth Baquerizo. Conocer la injusticia que vive una mujer, encontrarse con fiscales corruptos que cuando ve que una mujer no tiene plata quiere, tal vez, llevarla a la cama. Nos pisotean, solo así nos destruyen, porque somos mujeres. Porque lloramos, porque desde pequeño se le enseña a un niño a no llorar porque ‘parece niña’: eso es machismo

Hablamos de derechos, todos tenemos derecho a crecer con amor en un hogar, y eso depende de la mujer más importante en la vida de un ser humano: su madre. La primera profesora de un ser humano, la que inculca valores y virtudes, quien ayuda a corregir errores, quien enseña a mirar y caminar de frente. 

A lo largo de estos casi tres meses he comprendido que no hay respeto para nosotras. Creen que somos débiles y tontas. No solo grito por mis hijas, aquí estoy para gritar por todas. Qué podemos esperar de un sistema judicial que no sirve, está obsoleto, caduco y debe irse a la basura. Así me han hecho sentir: basura para las leyes. Y no me he equivocado. 

Cuántas personas más han estado antes y después de Lisbeth Baquerizo. Mi hija, para un día como hoy, me dejó un mensaje hermoso: ‘Mi mamita no es como todas, es especial. Mi mamita es invencible y será mi ejemplo a seguir’. Ella me vio luchar por su hermana cuando enfermó de cáncer y cuando quería darme por vencida me levantó. 

La primera vez que me paré frente a la Fiscalía, donde solo había enemigos, todo mi cuerpo temblaba, no sabía si mi voz iba a salir. Mi hija siempre me decía ‘eres blanca con voz de negra’. Me siento orgullosa de ser mujer, me ha costado mucho, me ha dolido mucho, tuve que perder a mi hija y eso hizo que ustedes me conozcan, no reniego pero me duele, pero si es el propósito De Dios, yo soy su instrumento, y aunque he sentido puñaladas en mi corazón y espalda, he tenido que caminar con ese dolor

¿Por qué los gobiernos no nos dan a las mujeres la oportunidad de disfrutar de nuestros derechos a plenitud, respeto, trabajo, vida digna? De eso depende que la sociedad tenga seres humanos de bien. De qué nos sirve que hablen de soberanía, si aquí se trafican y prostituyen los derechos. 

Mujer, ¡levántate, grita, no calles! Las víctimas muchas veces son cuestionadas e incluso se las culpabiliza de su muerte. Pero una mujer no tiene la culpa de que la violen, de que la golpeen, menos de que la maten. He podido darme cuenta de que esto no me pasó solo a mí, sino a varias. Y esos casos, como los derechos de las mujeres, están olvidados, violados… 

Si existiera justicia en este país y se defendiera los derechos de las mujeres, hoy no estuviera parada aquí gritando: ¡JUSTICIA, JUSTICIA, JUSTICIA PARA LISBETH!”.