“La Justicia es injusta con nosotras”

“La Justicia es injusta con nosotras”

Cristina Liliana Balcázar estaba embarazada cuando la asesinaron. Su cuerpo fue encontrado maniatado y sin uñas. Ocho meses después, no hay responsables.

 

 

Por: Vanessa Estrella Toscano/@Vane_ET 

Fue en noviembre de 2020. Cristina Liliana Balcázar finalizaba su séptimo mes de embarazo. A mediados de enero de 2021, Cristian, su primer hijo, debía nacer. Se cuidaba mucho y estaba consciente de que el parto podría adelantarse, pues le diagnosticaron diabetes gestacional.

Su objetivo era tener todo listo para recibirlo. El 10 de noviembre pintó su habitación de color celeste. En el armario acomodó zapatitos y algunas mudadas de ropa para “su milagro”. Le habían dicho que no podía tener hijos, pero a sus 37 años, pasó.

Fotos: Gianna Benalcázar – Silenciadas

Lo había intentado hace 10 años con su pareja de aquel entonces. No lo lograron. Se sometió a exámenes médicos y la conclusión fue que no sería mamá biológica. Su relación terminó y, resignada, se volcó a sus tres sobrinos, especialmente al más pequeño que hoy tiene poco más de un año. Vivía con ellos, su mamá y su hermana.

Trabajaba como mercaderista en la provincia Santo Domingo de los Tsáchilas (costa ecuatoriana), promocionaba marcas de productos, por lo que se movilizaba mucho. Hacía y entregaba pedidos en tiendas y supermercados e, incluso, a veces arreglaba los artículos en las perchas. Pero, para evitar poner en riesgo a su primogénito, decidió dejar esa actividad.

Para compensar, se dedicaría a su negocio, una distribuidora de cerveza que funciona en un pequeño hall en la entrada de su casa. Su madre, María Erlinda Ortiz, de 57 años,  asegura que las ventas no son abundantes, pero ayudan.

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Una noche de abril de 2020, Cristina salió con sus amigos. Un mes después sentía mareos, vómitos y malestar estomacal. Su hermana Alexandra, de 42 años, le dijo  “estás embarazada”.  Cristina, a quien le decían Lily, sonrió y respondió: “sabes que eso no es posible”.

La prueba resultó positiva. Alexandra recuerda que lloraba de emoción, pues le hacía mucha ilusión ser tía, mientras su madre sonreía sin parar.

Lily les contó, a su madre y hermana,  que el padre del bebé se llama Cristian B. y que le informaría del embarazo, por si quería participar en la vida del niño.

Tras la noticia, Cristian, de 23 años,  desapareció, comenta María Erlinda, pero luego de unas semanas contactó a Lily. Le dijo que estaba por casarse, pero que se haría cargo del pequeño. La condición: que mantenga en secreto su identidad, especialmente con los amigos.

“Ma, el chico que llegó ahorita es amigo de Cristian, no comentará nada si algún rato pregunta quién es  el papá de mi hijo. Tú dile no sé todavía, no me lo presenta. Porque él no quiere que sepan los amigos”, dice Lily en un audio que envió a su mamá por WhatsApp el 14 de noviembre.

Cristian le transfería dinero a Lily para los gastos del embarazo, cuenta María Erlinda.  El monto no era fijo. A veces $30, otras $60 u $80.

A medida que avanzaba, el embarazo se complicaba. Lily sentía dolor de espalda y los pies se hinchaban bastante. Evitaba caminar y, cuando tenía que hacer alguna gestión, se movilizaba solo en taxi. Alexandra explica que, a veces, Cristian la llevaba; y, cuando eso pasaba, Lily salía de casa y caminaba una cuadra donde él la recogía porque no quería que lo vieran.

El 25 de noviembre, Lily tenía una cita con la nutricionista. Para cuestiones médicas,  su madre o hermana siempre la acompañaban, pero esa vez María Erlinda estaba de viaje y uno de los hijos de Alexandra estaba enfermo.

Lily se levantó, se arregló y desayunó. Su hermana recuerda que vestía un pantalón negro, una blusa blanca con rayas negras y sandalias bajas negras. A eso de las 9:30 se despidió y no llamó un taxi. Alexandra supuso que Cristian la esperaba a una cuadra de la casa. 

Luego de la cita médica debía ir al banco para abrir una cuenta nueva, destinada únicamente para el dinero del bebé. A las 10:48, Lily ingresó al consultorio para su cita, según los registros del hospital. A las 11:10 habló con Alexandra y le pidió que haga un raspado de verde con carne para el almuerzo.

Alexandra no alcanzó a preparar ese menú, sino un aguado de gallina. La esperó para almorzar juntas, pero Lily no llegó. No se preocupó. Pensó que se fue a visitar a alguna amiga.

Alrededor de las 17:00 su madre regresó de Cuenca y se inquietó al no encontrarla. La angustia creció al llamarla y no tener respuesta.

 

 

Dos horas después, tras el envío de mensajes y llamadas, se dieron cuenta de que la cuenta de WhatsApp de Lily fue cerrada. No se veía su foto de perfil y los mensajes no llegaban. Entonces, empezaron a comunicarse con vecinos, amigos y familiares. Nadie la había visto, ni hablado con ella.

Esa noche María Erlinda y Alexandra pusieron la denuncia por desaparición en la Fiscalía de Santo Domingo, la capital de la provincia.

Mientras tanto, las personas más cercanas a la familia se congregaron en su casa. Alexandra consiguió el teléfono de Cristian y lo llamó. Él les dijo que estaba en una reunión en la casa de su novia, pero llegó alrededor de las 23:00. Era la primera vez que lo veían. Les comentó que no sabía nada y que los mensajes a Lily no le llegaban desde las 10:00.

Al otro día, jueves 26, familiares y conocidos se organizaron en grupos para buscarla. Su foto también estaba en redes sociales, circulaba junto a los datos de contacto, por si alguien la había visto.

Esa noche Cristian también estuvo en  casa de Lily. Alexandra describe que vestía  pantalón celeste y una camiseta del ejército, pues es soldado. Le llamó la atención que llegó lleno de tierra y en los zapatos parecía tener barro. Se sacudía y pedía disculpas, y se excusó diciendo que en su casa estaban en construcción.

Ante lo que ocurría, Cristian le pidió a Alexandra que le acompañe a hablar con su familia. En el auto, él le dijo: “ese asiento, donde estás sentada, iba a ser para mi Cristian”. Alexandra pensó: “¿Por qué iba. Él da por hecho que no está?”.

El viernes 27, la familia recibió llamadas que decían que Lily estaba con un hombre y que transitaban en moto por distintas zonas de la ciudad. En ese momento, se analizaba  la teoría de que podía estar secuestrada.

Para evitar malos entendidos, una prima de Lily publicó en Facebook una foto de Cristian. El texto del post decía que la persona de la imagen es el padre del niño y no el hombre que posiblemente tenía a Lily. Esto le molestó a Cristian y se lo reclamó a María Erlinda. Tras alegar “que le están echando la culpa” no apareció más.

Al rastrear el celular de Lily se supo que estaba ubicado en Valle Hermoso, una parroquia rural de Santo Domingo. El 2 de diciembre se hizo el recorrido en esa zona sin resultados.

La búsqueda fue intensa, se pegaron afiches, incluso en Pedro Vicente Maldonado, al noroccidente de la provincia de Pichincha, a unos 270 kilómetros de Santo Domingo.  César Balcazar, de 29 años, es policía y el hermano menor de Lily. Junto a su madre y hermana la buscaron hasta en las casas abandonadas y cuevas habitadas por indigentes y drogadictos.

En la tarde del lunes 7 de diciembre, Alexandra recibió la llamada de una amiga de Lily, quien le comentó que las autoridades, tras la denuncia de un hombre que buscaba un ganado perdido, encontraron el cuerpo de una mujer en un terreno baldío en la vía a Quinindé. Le envío las fotos por WhatsApp. La noticia ya era viral y las fotos circulaban en las redes sociales.

Aunque el cadáver estaba en un avanzado estado de descomposición, Alexandra la reconoció de inmediato. Ocho meses después, todavía viste de negro para evidenciar su luto y llora recordando ese momento, mientras observa un portarretrato grande con cuatro fotos que su hermana embarazada se hizo para inmortalizar su maternidad. 

Su madre, también vestida de negro, la mira, se le van las lágrimas, se frota el pecho y le dice: “eso de las fotos que recibiste de tu hermana muerta no me contaste”. Alexandra solo baja la mirada y no responde.

Es agosto de 2021 y María Erlinda recuerda ese día como el más doloroso de su vida. 

Fueron al terreno. Las autoridades realizaban el levantamiento del cuerpo. Encontraron a Cristina boca abajo con las manos atadas hacia adelante con el cable de un electrodoméstico, pues tenía enchufe, y con nudo tipo “presilla de alondra” que, según la teoría, facilita el arrastre. Solo tenía una uña, las otras se las arrancaron. Según la autopsia, no registraba signos de violencia ni tortura (las uñas, según les dijeron,  pudieron haber sido arrancadas después para que no se encuentre evidencia). Para entonces, estaba muerta entre 11 y 15 días. La asfixiaron, alguien le aplastó la tráquea con el dedo pulgar. Al bebé no le pudieron hacer la autopsia, por su estado de descomposición habían encontrado solo sus huesos. No se pudo determinar si murió antes o cuánto tiempo después de su mamá. 

Lo que sí se hizo es tomar muestras para hacer la prueba de ADN y se confirmó que Cristian era el padre.

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Alexandra cuenta que la Policía no cumplió con los procesos que se deben llevar a cabo en estos casos, no acordonó la zona en la que encontraron el cuerpo de Lily y tampoco recogieron todas las pistas posibles. 

Cuatro meses después, en  marzo de 2021, María Erlinda, Alexandra y César volvieron al mismo lugar y encontraron varias mechas de cabello de Lily.

 

Las autoridades no han logrado encontrar al culpable. Tampoco han hecho la inspección a una propiedad que tiene la familia de Cristian en Valle Hermoso (donde supuestamente se ubicaba el celular de Lily), la reconstrucción de los hechos, ni han entregado los resultados del ADN de la única uña que encontraron en sus manos, donde puede haber información valiosa. Según Alexandra, Lily sabía defenderse muy bien. “Si tenía que pelear, lo hacía y si se vio en peligro, con seguridad trató de defenderse”.

El celular y la cartera de Lily tampoco se han encontrado.

También está pendiente el examen psicológico de Cristian que debe realizarlo la Fiscalía, aunque él se lo ha hecho por su cuenta con un médico privado. Sobre su paradero no se sabe con certeza, se cree que está en un cuartel en el sur de Quito. Para la familia de Lily, él es el sospechoso.

En el caso de ser procesado, sería acusado de asesinato, pues no tenía una relación sentimental con Lily. Sin embargo, la familia considera que debe ser tratado como femicidio, pues fue un crimen premeditado e intencional. “Él lo tenía planeado y solo estaba buscando la oportunidad para hacerlo. Mi hija nunca estaba sola, pero ese 25 de noviembre, por circunstancias de fuerza mayor lo estuvo, y él pudo matarla”, dice con seguridad María Erlinda.

María Erlinda y Alexandra sienten que la justicia ha sido injusta con ellas. Las investigaciones no avanzan. Gracias a sus contactos han podido conseguir más información que los responsables de hacerlo.

Así pudieron obtener los videos de seguridad del centro médico, donde Lily estuvo por última vez. En las imágenes se la ve sola, esperando en el pasillo, luego entra al consultorio y sale. No se sabe qué pasó en la calle. También determinaron que no llegó al banco.

 

 

 

 

El cuarto de Lily está intacto, como ella lo dejó. Su ropa todavía huele al body splash de fragancia floral que usaba y sigue colgada junto a los zapatos guardados en sus respectivas cajas.  “Era muy ordenada”, dice María Erlinda mientras los toca.